POLITICAS PARA EL DESARROLLO CULTURAL DE LA CIUDAD DE LIMA

Themis Castellanos

Área ISIS
themis@alter.org.pe

Es cierto que Lima ha atravesado por una continua y profunda transformación en un conjunto de aspectos y la dimensión cultural no es la excepción.  Sin embargo, podemos afirmar que en el 2010 Lima continúa manteniendo su primacía en relación a otras ciudades del país a las que continúa prestando servicios, centralizando poder o concentrando riqueza.

El objetivo de este breve ensayo es llamar la atención sobre una serie de lugares comunes que requieren superarse para poder comprender los cambios de esta ciudad desde una dimensión cultural, porque se ha producido un complejo (conjunto de) proceso(s) por los que se ha continuado tendencias previas y se han sumado otras, a veces catalizando los cambios, a veces, difuminándolos o atenuándolos.  Vivir, caminar, experimentar Lima o estudiarla, pensarla, reflexionar sobre ella exige que pensemos en estos cambios que deberían cambiar nuestra forma de entender la ciudad.

I. Problemas identificados

1. En la actualidad Lima no es percibida como una ciudad por sus ciudadanos/as quienes tienen una visión parcelada y limitada que no ha permitido la construcción de una identidad colectiva o sentimientos de pertenencia a una misma ciudad.

Para el caso de Lima, como de otras ciudades de Latinoamérica, indudablemente el fenómeno de la migración marcó un profundo cambio que posibilitó, entre otros cambios, la transformación de las condiciones físicas de la ciudad y las dinámicas económicas, sociales y políticas de un territorio que ahora conocemos como Lima ciudad.  Las y los migrantes se convirtieron en protagonistas sociales, políticos y económicos de la historia reciente no solamente de Lima, sino del país.  En términos culturales posibilitaron como actores culturales que las diferentes expresiones culturales se acercaran.  No podemos afirmar que se produjo un encuentro porque estaríamos omitiendo los conflictos en forma de discriminación, segregación, etc. procesos vigentes hasta la actualidad, pero sí que se hicieron presentes, algunos con más presencia mientras que otros han sido mas bien obviados, ninguneados o simplemente, invisibilizados.  Es así como este proceso de movimiento, de cambio, de traslado, que podemos denominarlo de transculturación, mostró que algunas expresiones culturales fueron socialmente más aceptadas y valoradas que otras.  Es decir, desde la década de los cincuenta, haciéndose más visibles en la década del 70 cuando ya se podía identificar símbolos y expresiones de discursos culturales complejos pero que fueron simplificados y reducidos como lo “criollo”, lo “andino”, y que a su vez estuvieron transformándose a través de décadas y reuniendo un conjunto de expresiones culturales, diversas y diferentes.

Frente a este proceso vivo de cambio, de traslado, de movimiento de expresiones culturales que acabamos de señalar, se encuentra la imagen más generalizada y atemporal sobre Lima que está relacionada con su configuración urbana: un centro denominado “colonial” para algunos, deteriorado, criollo para otros y una periferia más pobre y alejada, marginal, provinciana.  Esta imagen de la ciudad sigue vigente hoy en día, aunque sus límites y sus habitantes no sean del todo conocidos, aunque sea una imagen estática que no permite percibir los cambios.  Es una imagen dual entre “unos” y “otros” que sigue viva para describir Lima y también nuestras diferencias que es reutilizada en las series de televisión más populares.  Y esta imagen se ha convertido en un símbolo poderoso en nuestro imaginario, que marca las diferencias, las organiza separándolas y segregándolas.[1]

Esta imagen de la ciudad recrea un territorio muy limitado a lo conocido, a lo experimentado.  Se construye distancias simbólicas y físicas con lo diferente y de lo diferente, a su vez, se convierte en ajeno e invisible.  Lima, entonces se convierte en múltiples ciudades en los diferentes imaginarios de la ciudad que existen: en pueblos grandes para unos, en una ciudad limitada a unos cuantos distritos para algunos o a una ruta determinada para otros.  La ciudad para explorar no está permitida para sus propios habitantes.  La ciudad desconocida alberga demasiados peligros porque no abunda gente como uno.  La inseguridad alimenta esta percepción y nos limita más puerta adentro, fuera de la calle, del parque, de la plaza.

Para los noventa las migraciones ya no eran un fenómeno que explicara el crecimiento de Lima, como no lo es ahora; sin embargo sigue considerándose un proceso no solamente contemporáneo sino vigente, es más, que explica y sustenta los problemas de la ciudad.  Los y las migrantes, ya con nietos y bisnietos, enterrados muchos, siguen siendo tratados como los “nuevos” limeños o los “nuevos” provincianos, aun desde las ciencias sociales.

Esta percepción parcelada de la ciudad también limita cómo se entiende la ciudad en su conjunto, sus problemas y soluciones ya que no se utiliza un enfoque sistémico para definir problemas/soluciones.

2.Alta desconfianza, agresividad y conflicto en espacios públicos que incrementa percepción de inseguridad ciudadana

Lima es una ciudad con diferencias culturales y desigualdades culturales que sostienen y mantienen las desigualdades políticas, económicas y sociales existentes.  Es decir, estamos ante la necesidad de transformar las relaciones de poder para construir relaciones de equidad entre nuestras diferencias.  Para ello es necesario un proyecto cultural que sustente un discurso igualitario, democrático, ciudadano.

Las diferentes expresiones culturales por sí solas pueden considerarse como parte de nuestro patrimonio cultural pero no necesariamente serán parte de una identidad colectiva.  Podrían estar en un museo o en una colección en una sala sin visitantes.  Finalmente, no podemos dejar de señalar que las diferentes expresiones culturales también pueden producir y/o profundizar distancias, diferencias, a través de discursos de discriminación especialmente en un contexto de profundas brechas socioeconómicas.

En este escenario debemos plantearnos como prioridad la recomposición del tejido social, promoviendo la confianza y credibilidad en los otros: vecinos, autoridades, instituciones.  En el caso de Lima es necesario que esta recomposición se realice en los espacios públicos y que esté asociado a un proceso ciudadano y sea, además, visible.

El Estado ha tenido un rol en la segregación en una ciudad como Lima, un ejemplo es la actitud frente a la criminalidad la cual se ha liberalizado y depende de los recursos con los que cuentan los habitantes (seguridad privada, barrios enrejados, garitas de control, etc.) y/o su capacidad de organización (rondas vecinales, comités de seguridad,etc.).  El transporte público también es un ejemplo de cómo se han resuelto “informalmente” y sin planificación las necesidades de una mayoría de la población que constantemente se translada y moviliza en la ciudad.  La consecuencia no solamente es que no se resuelven (ni se discuten) las causas estructurales sino que promueve la desconfianza en el que es diferente a uno: porque vive más lejos, o tiene menos educación, o vive en condiciones de pobreza, etc.[2] El Estado contribuye a fomentar el proceso de segregación cuando permite o tiene una actitud permisiva y pasiva frente a iniciativas privadas e individuales.  Podríamos afirmar que el Estado tuvo la misma actitud segregadora cuando no intervino en la etapa de autoconstrucción y asumió una política de dos caras.

3. Acción colectiva limitada a convocatorias entre “iguales”: mismos intereses/gustos, mismas adscripciones religiosas, políticas, condiciones económicas, dentro de vecindarios, etc.

Necesitamos que estas diferentes expresiones culturales estén vivas y presentes, que sean convertidas en parte de nuestra cotidianeidad.   Para ello es necesario que la ciudad cuente con espacios de encuentro de nuestras diferencias.  Este es el principal objetivo de los espacios públicos y la promoción de los espacios públicos debería ser el centro de cualquier proyecto cultural para la ciudad –que abarca, desde luego, un proyecto educativo.  Los movimientos sociales de los ochenta no solamente tuvieron como escenario a la ciudad y sus espacios públicos (calles, plazas) fueron también movimientos urbanos (Castells) ya que los intereses y demandas políticas estaban relacionadas a las características de la vida en la ciudad, es decir, tenían en común una demanda por servicios limitados: los comités vecinales fueron protagonistas en la etapa de autoconstrucción de la llamada periferia de la ciudad (vivienda), las organizaciones populares como comedores populares, vaso de leche estuvieron en el centro de las demandas políticas, sociales incluyendo contra Sendero (alimentación, salud, seguridad).  De esta manera no solamente cumplieron un rol en la cohesión social, sino que fueron referentes colectivos, grupales que se han debilitado.

Es así como en la actualidad, carecemos de este tipo de referentes amplios, inclusivos que produzcan procesos de identificación al contrario: las últimas dos décadas han mostrado que la acción colectiva no está encausada en grandes proyectos políticos, utopías, etc.  La llamada falta de referentes políticos, entre ellos el hecho de que los partidos ya no representan proyectos políticos atractivos para una diversidad de actores sociales.  La acción colectiva se da por intereses concretos, en respuesta a, y por lo tanto, generan reacciones (que pueden ser muy poderosas), inmediatas, cortoplacistas, pero que no están articuladas necesariamente a propuestas de mediano plazo o proyectos más amplios.

II. Competencias

De acuerdo a la Ley Orgánica de Municipalidades en su Art. 73 señala que la Municipalidad de Lima tiene funciones específicas con carácter exclusivo o compartido en materias de servicios públicos locales como el tránsito, circulación y transporte público, educación, cultura, deporte y recreación, los programas sociales, la defensa y promoción de los derechos ciudadanos, seguridad ciudadana, así como el establecimiento y administración de parques zonales, parques zoológicos, bosques, etc.

El Art. 88 señala que las municipalidades, en materia de educación, cultura, deportes y recreación, tienen como competencias y funciones específicas compartidas con el gobierno nacional y el regional promover el desarrollo humano sostenible en el nivel local, propiciando el desarrollo de comunidades educadoras, diseñar, ejecutar y evaluar el proyecto educativo de su jurisdicción, en coordinación con la Dirección Regional de Educación y las Unidades de Gestión Educativas, según corresponda, contribuyendo en la política educativa regional y nacional con un enfoque y acción intersectorial, promover la diversificación curricular, incorporando contenidos significativos de su realidad sociocultural, económica, productiva y ecológica, fortalecer el espíritu solidario y el trabajo colectivo, orientado hacia el desarrollo de la convivencia social, armoniosa y productiva, a la prevención de desastres naturales y a la seguridad ciudadana, organizar y sostener centros culturales, bibliotecas, teatros y talleres de arte en provincias, distritos y centros poblados, promover la protección y difusión del patrimonio cultural de la nación, dentro de su jurisdicción, y la defensa y conservación de los monumentos arqueológicos, históricos y artísticos, colaborando con los organismos regionales y nacionales competentes para su identificación, registro, control, conservación y restauración, promover la cultura de la prevención mediante la educación para la preservación del ambiente, promover y administrar parques zoológicos, jardines botánicos, bosques naturales ya sea directamente o mediante contrato o concesión, de conformidad con la normatividad en la materia, fomentar el turismo sostenible y regular los servicios destinados a ese fin, en cooperación con las entidades competentes, impulsar una cultura cívica de respeto a los bienes comunales, de mantenimiento y limpieza y de conservación y mejora del ornato local, promover espacios de participación, educativos y de recreación destinados a adultos mayores de la localidad; normar, coordinar y fomentar el deporte y la recreación de la niñez y del vecindario en general, mediante la construcción de campos deportivos y recreacionales o el empleo temporal de zonas urbanas apropiadas, para los fines antes indicados; promover actividades culturales diversas; promover la consolidación de una cultura de ciudadanía democrática y fortalecer la identidad cultural de la población campesina, nativa y afroperuana.

Asimismo, de acuerdo al Art. 151. que dispone el Régimen Especial para Lima Metropolitana, el Art. 159 las competencias de la Alcaldía metropolitana  incluye la formulación del Plan de Desarrollo Educativo, promover las actividades artísticas y culturales, construir y mantener infraestructura deportiva y recreacional, promover la práctica masiva de los deportes y la recreación y fomentar la ejecución de programas de educación ecológica, entre otras.

III. Propuestas

Mediano plazo:

1) Elaboración de Proyecto cultural para la ciudad

El proyecto cultural debe dar sustento al proyecto educativo.  Este proyecto cultural debe brindar los lineamientos para el desarrollo de políticas culturales contra la exclusión y discriminación (todos los eventos son laicos, respeto a las minorías culturales de todo tipo – religiosas, sexuales, artísticas, etc.) y desde ahí construir una ciudad inclusiva y democrática.  El proyecto cultural debe trabajarse de manera participativa y concertada.  Tiene como objetivo un cambio cultural de los y las ciudadanos/as de Lima, por lo tanto, su proyección en el tiempo debe ser más amplia que cualquier instrumento de gestión.  Planteamos Lima35 para que la conmemoración de los quinientos años de la ciudad sea también un momento de evaluación del proyecto.

Corto plazo:

2) Se plantea el diseño de dos programas que serán transversales para la gestión metropolitana y con la participación de las gobiernos distritales.

1. PROGRAMA DE CALLES/PLAZAS ABIERTAS: .Espacios públicos para tod@s.

El objetivo es que logre la calidad en uso de espacios públicos (más gente diversa y diferente) y optimización de los existentes no cantidad de público.  Prioridad en jóvenes y familias.

Ø      Identificación de espacios públicos para la ciudad: para ello se requiere coordinar y concertar con distritos “céntricos” (pero no sólo en el centro sino en el segundo anillo) para la realización de eventos.  Los espacios públicos de toda la ciudad serán difundidos en Las Rutas de Lima.

Ø      Identificación de actividades y eventos organizados en distritos, por promotores culturales y/o sector privado en toda la ciudad que serán difundidos en el Calendario de Lima. El calendario tiene que ser alimentado además con las iniciativas de la municipalidad de eventos y actividades.

Ø      Identificación de valores democráticos básicos para compartir espacios públicos: respeto- tolerancia, autoridad democrática (reglas claras, sanciones claras).

Ø      Revaloración de referentes para la ciudad más allá del centro, referentes de patrimonio monumental y de cultura viva: Zona Arqueológica de Pachacamac, mercados, parques zonales, celebraciones y fiestas.

Ø      Promover el encuentro de los “diferentes” en espacios públicos a través de programas culturales que atraigan a amplios sectores de la población con reglas diferentes a las del mercado: acercar diferentes expresiones culturales, atraer a grupos de edad y sectores socioeconómicos en un mismo espacio público.

Ø      Evaluación de inversiones en nuevos espacios públicos acorde a combatir la exclusión:  priorizar obras multiusos.  Por ejemplo, es necesario evaluar el rol de las losas deportivas que son usadas mayoritariamente por hombres.

2. PROGRAMA CIUDADANO

El objetivo es promover nuevas formas de comunicación y solución de conflictos de la calle/ espacios públicos.

Ø      Campaña “Buen Trato”: La gestión municipal debe empezar brindando el ejemplo de buen trato en los diferentes servicios públicos a su cargo y coordinación como transporte público, serenazgo, cobranzas, etc.

Ø      Los espacios públicos requieren ser abastecidos de las condiciones necesarias para brindar un buen trato al visitante: seguridad, iluminación, servicios higiénicos.

Ø      La ciudad tiene que convertirse en un lugar accesible y asequible.  Deber conocida en sus reglas por todos, incluyendo visitantes y foráneos.  Señalización.

Ø      Buen trato a la ciudad, al medio ambiente.  Promover prácticas ciudadanas en cuidado al medio ambiente, la limpieza pública.  Especialmente el reciclaje, control de contaminación sonora y vehicular.


[1] Charles Stokes (1962) señalaba que la marginalidad podía ser entendida como un mito ya que era imposible mantener esta relación de marginalidad, de separación.  En la ciudad se producen interrelaciones de manera cotidiana, especialmente en Lima donde las desigualdades están cercanas y no hay distrito donde no se encuentre un “bolsón de pobreza” y abunden estrategias físicas y simbólicas de autosegregación.  Aquí es clave el  concepto de marginalización enfatiza la relación dominador y dominado pero no nos permite subrayar las relaciones entre estos dos sectores, o por último las diversas y múltiples caras de los dominadores y de los dominados en nuestra ciudad.  La segregación da cuenta de las relaciones de dominación y de desigualdad social existente en las ciudades.  Sin embargo, cuando pensamos en estas desigualdades tenemos que considerar no solamente el aspecto económico, sino también las desigualdades culturales, religiosas, étnicas o educativas y los diferentes estilos de vida.

[2] Ante la criminalidad también hay que resaltar que se está consolidando un discurso criminalizante de los sectores pobres que contribuye a que se establezcan prácticas de segregación y de discriminación (por ejemplo la vigilancia y cierre de espacios públicos).  (Caldeira 2000)

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1 comentario

Archivado bajo Autores, Ciudad, Gestión de ciudad, Régimen Especial, Themis Castellanos

Una respuesta a “POLITICAS PARA EL DESARROLLO CULTURAL DE LA CIUDAD DE LIMA

  1. Grturo García

    la información me fue de mucha utilidad para mis trabajos de investigación

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